Cuando pensamos en ansiedad, muchas veces imaginamos algo muy visible: una crisis de pánico, el corazón acelerado, la sensación de que algo grave está pasando. Pero en la consulta —sobre todo trabajando online con personas en Chile y también desde el extranjero— lo que más veo es otra cosa: una ansiedad silenciosa, de fondo, que llevamos tanto tiempo cargando que terminamos pensando que es "simplemente como somos".

Esa ansiedad de bajo volumen es, muchas veces, la más difícil de identificar. No interrumpe el día de forma dramática, así que la vamos normalizando hasta que se vuelve parte del paisaje.

Señales que solemos pasar por alto

La ansiedad no siempre grita con una crisis. A veces es un murmullo constante que aprendimos a confundir con nuestra forma de ser.

Por qué cuesta tanto reconocerla

En Chile, y en varias culturas latinoamericanas, el estar siempre ocupado y exigido suele leerse casi como una virtud: "estoy a mil", "no paro ni un segundo", se dicen casi con orgullo. Eso hace que la ansiedad, cuando se presenta como hiperactividad mental o exceso de responsabilidad, pase fácilmente por "ser una persona comprometida" en vez de reconocerse como una señal de que el sistema nervioso lleva demasiado tiempo activado.

A esto se suma algo práctico: cuando la ansiedad es crónica en vez de aguda, el cuerpo se acostumbra a ese nivel de activación. Ya no se siente como una alarma, sino como el estado "normal" desde el cual funcionamos. Por eso muchas personas llegan a terapia diciendo que no saben bien qué les pasa, solo que "algo no anda bien", sin poder nombrarlo con precisión.

El cuerpo también es parte de la conversación

En mi forma de trabajar, la ansiedad no se aborda solo desde el pensamiento —entender de dónde viene, cuestionar creencias, poner en palabras lo que sientes—, sino también desde el cuerpo y el sistema nervioso. Herramientas simples de respiración consciente y de regulación corporal, integradas dentro del proceso terapéutico, ayudan a que el cuerpo "aprenda" que puede bajar la guardia, algo que el razonamiento por sí solo muchas veces no logra conseguir del todo.

No se trata de técnicas mágicas ni de prometer resultados inmediatos: cada proceso es distinto, y lo que funciona depende mucho de la historia y el momento de cada persona. Pero sí es una diferencia importante trabajar la ansiedad reconociendo que vivimos en un cuerpo, no solo en una cabeza que piensa demasiado.

¿Qué hacer si te reconoces en esto?

No hace falta esperar a que la ansiedad se vuelva incapacitante para conversarlo con alguien. De hecho, mientras antes se aborda, más simple suele ser aprender a regularla antes de que se instale como forma de vida. Una primera sesión no es un compromiso a largo plazo: es simplemente un espacio para poner en palabras lo que sientes y ver, con calma, si quieres seguir el proceso.

¿Quieres conversarlo en una primera sesión?

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